Espiar los mensajes privados de un hijo o una hija podría ser constitutivo de delito

Con la reciente modificación del código penal español, las penas por atentar contra la intimidad de las personas se han endurecido, con condenas de uno a cuatro años de cárcel. Muchos progenitores desconocen que sus hijos e hijas gozan de los mismos derechos que las personas adultas, y que podrían ser denunciados por sus propios descendientes o por alguna de sus amistades en aquellos casos en los que invadan su intimidad.

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Según el Tribunal Supremo, ningún tipo de relación paterno-filial, matrimonial o contractual constituye una causa de justificación que exima de responsabilidad penal a quien consciente y voluntariamente lesiona la intimidad y el derecho a la propia imagen de una persona. «En el caso de los padres, si tu hijo fuera menor de edad podría ser una eximente porque tú tienes su custodia, pero aún es pronto para saberlo ya que no se ha producido ningún caso», afirma Iñaki Pariente de Prada, director de la Agencia Vasca de Protección de Datos.

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Etiquetas en las imágenes de las redes sociales, un riesgo para la privacidad y la convivencia

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Desde hace varios años, especialmente desde la popularización de las redes sociales, la gestión y cuidado de la privacidad es una preocupación para PantallasAmigas. Por ello hemos creado muy diversos recursos didácticos con el fin de sensibilizar sobre la importancia de mantener una actitud proactiva al respecto (véanse como ejemplos este vídeo y Las aventuras de Reda y Neto). A continuación indicamos algunas claves generales sobre el asunto, para terminar con especial énfasis con el asunto de las etiquetas que da título al post.

Privacidad, un derecho y un factor de protección

Al margen de detalles legales, la privacidad, en cuanto a  su relación con la intimidad y la propia imagen, es un derecho. No obstante, nuestra preocupación va más allá por cuanto significa también un factor de protección. Sabemos que Internet nos pone al alcance de todo tipo de personas y que cuando éstas no son las deseables (abusones de clase, depredadores sexuales, nuevas amistades problemáticas, exparejas agresivas…) estamos expuestos ante ellas. Hay una cosa bien cierta en este punto, cuanto menos sepan de nosotros, menos vulnerables somos, menor es el daño que nos podrán infligir.

No podemos controlar lo que se sepa de nosotros, pero podemos influir.

Nunca hemos puesto el énfasis en la configuración concreta de las opciones de privacidad por dos razones fundamentales:

–          Puede trasladar un mensaje de falso control y autocomplaciencia: “configuro la privacidad y todo listo”.

–          Las opciones y sus efectos son complicados y cambiantes.

En realidad, pensamos que hay que enfatizar el hecho de que simplemente podemos controlar una parte de nuestra privacidad y que, en gran medida, ésta depende de los demás usuarios y de las propias redes sociales (entendidas como el software que rige su funcionamiento). Entonces… ¿podemos hacer algo? Cuatro recomendaciones:

  • Conocer y configurar las opciones de privacidad pero especialmente testear el efecto de las mismas y comprender todas sus implicaciones. Facebook acostumbra a cambiar con cierta frecuencia de manera que consigue hacernos desistir del intento o, cuando menos, crear confusión.
  • Ser cuidadosos con los datos que exponemos. Una red social no es un lugar privado ni seguro porque la llave de entrada no es única, sino múltiple, y puede ser prestada o incluso robada.
  • Seleccionar bien a quién y cómo (niveles de privilegio o acceso a información) agregamos a nuestras redes.
  • Mantener una actitud proactiva en defensa de nuestra privacidad y contra los usos sociales, por desgracia generalizados y casi siempre inconscientes.

Somos responsables de la privacidad de las demás personas

De igual forma se debe tener siempre presente en qué punto comprometemos con nuestros comentarios o publicaciones la vida privada de otras personas. ¿Acaso no nos hemos dado cuenta, por ejemplo, tras un “tuit” que quizás nos equivocamos dando información de nuestra propia vida? ¿Cómo no nos va a ocurrir con la de otras personas? Debemos ser cuidadosos porque además podemos tener responsabilidad legal por ello, especialmente si hablamos de fotografías. Cristina Martínez Garay en su post Al publicar fotos de las vacaciones en las redes sociales, ¿conoces tus derechos? dice que la AEPD ha establecido en varias resoluciones que “no cabe entender que se ha otorgado el consentimiento para la difusión de una fotografía de una persona, cuando aquel accedió únicamente a la obtención de la misma y no a su publicación en ningún medio” y que en ese sentido se ha pronunciado recientemente la Audiencia Nacional el 18 de mayo de 2012 ratificando la sanción impuesta por la AEPD.

¿Qué supone poner una etiqueta?

Al margen de prácticas de tipo SPAM y otros usos alternativos, las etiquetas son para identificar personas en fotografías. ¡¡Ahí es nada!! Aquello de que una imagen vale más que mil palabras toma más sentido que nunca. Subir una fotografía tiene su importancia, pero no deja de ser una entre cientos de un determinado álbum. Lo que tiene relevancia real a efectos de privacidad es que esté identificada, relacionada con uno o varios perfiles de usuarios.

Cierto es que las etiquetas se pueden eliminar a posteriori y que, por ejemplo Facebook permite algunas engañosas restricciones al respecto (no os dejéis llevar por apariencias, no son para nada lo que parecen y hay muy diversas formas de saltárselas o conseguir efectos similares… ¿alguien creyó que lo de las fotos reveladas de su fundador era un bug?).

Consecuencias negativas de las etiquetas para la privacidad y la convivencia

Al margen de prácticas de tipo SPAM y otros usos alternativos, las etiquetas sirven para identificar personas en imágenes. Una persona sí… en un momento, situación, actitud, compañía y lugar determinados. Es mucha información, demasiada, sea bien o mal interpretada. Al margen de ello, el mero hecho de publicar una imagen etiquetada puede suponer un conflicto entre quien la etiqueta y quien la protagoniza por la inconveniencia o falta de oportunidad de la misma. Más allá todavía, es muy común la publicación y etiquetado de imágenes para hacer daño de forma expresa a una persona, como forma de hostigamiento.

¿Quién es responsable? ¿Qué tiene que ver la LOPD con las etiquetas?

La imagen – el rostro que nos identifica- es un dato personal y, como tal, protegido. Simplificando, cada cual es dueño de decidir sobre el uso que se hace del mismo. Ligando esto a las etiquetas se conforma una combinación explosiva. La acción de etiquetar es realizada por un usuario pero… ¿quién permite que esto se realice? ¿quién publica esa etiqueta? ¿quién almacena ese dato que liga porción de imagen e identificación? ¿quién notifica a los demás usuarios que esa etiqueta existe y, en consecuencia, pone “ a tiro de clik” ese dato privado? No hay autorización expresa por parte de la persona etiquetada. Incluso mientras no se conecte, no podrá recibir notificación posterios al respecto.

Desde PantallasAmigas hemos puesto en conocimiento hace más de un año ante la AEPD y Tuenti (siempre solícitos para atender nuestras sugerencias) nuestra preocupación por este asunto.

¿Qué podemos hacer mientras tanto?

Desde PantallasAmigas pasamos de la preocupación a la ocupación y tratamos de aportar herramientas para la sensibilización y la formación que contribuyan a la prevención. Dejamos tres referencias de ejemplo:

  • El proyecto Netiquetate publicado en 2010 presta atención preferente al asunto con enfoque de ética en la Red y ciberconvivencia.
  • A inicios de 2012 presentamos el site didáctico titulado ETIQUETASsinPROBLEMAS donde se ponen de manifiesto las situaciones a evitar porque, de forma voluntaria o azarosa, causan daño por medio de las etiquetas.
  • Por último, consideramos que las Redes Sociales deben dar un paso adelante en este sentido y asumir su responsabilidad. Por ello, hemos iniciado una campaña denominada ETIQUETASsinpermisoNO donde demandamos que las redes sociales soliciten permiso previo y expreso para cada etiqueta. Son muchas las personas, adolescentes y adultas, molestas, perjudicadas, dañadas con las etiquetas que les son colocadas sin consentimiento previo. Realmente, pedir permiso antes de su publicación apenas es un cambio tecnológico mínimo y evitaría muchos problemas de cyberbullying además de salvaguardar mejor la privacidad de los usuarios, batalla ésta en la que Tuenti está dando pasos de gigante.